domingo, 10 de mayo de 2009

YUYA

Carbondale, 8 de mayo de 2009

Gracias…
Cómo dar las gracias a tantas y tantas personas que nos han acompañado en el camino de la vida??, Cómo atreverme a personalizar las gracias aun sabiendo que no me podré acordar de tanta gente??
Quisiera empezar por el final… y dar las gracias a los ángeles de los últimos días, los del Centro Médico, los que con tanta dedicación, dulzura y profesionalismo nos acompañaron en esos momentos…
Gracias a las enfermeras y enfermeros que, con tanta paciencia, iban bandeando las oleadas interminables de Carvallos que salíamos por una puerta y entrábamos enseguida por la otra…gracias por permitirnos ponerle su música preferida, gracias por el tono de su voz, por los delicados cuidados en cada una de sus guardias… gracias por dejarnos mantener ese puente con papá, por permitirnos estar allí para cantarle los últimos cantos, para darle las ultimas caricias y los últimos besos, para orar con él las ultimas oraciones, para susurrarle en el oído las últimas palabras de amor.
Gracias al equipo de médicos: Familia Crivoy, Dr.Beso,R aúl Isturiz, Gustavo Diaz, Mafe Gúzman, Tomy Sanabria y tantos otros, cuyo trabajo y atenciones ocurrieron detrás del telón. Gracias especialmente a nuestro hermano Nacho. Gracias por demostrar una vez más que la ciencia se crece cuando se toma de la mano con el espíritu. Manos, tecnología, cabeza, corazón: todo funcionando en silenciosa armonía. En todo momento sentimos el hombre y al amigo tras la bata blanca. En ningún momento sentimos dudas en relación a las decisiones que tan sabiamente fueron tomando. Gracias por la paciencia y la claridad con las que respondieron nuestras mil preguntas. Gracias por la gentileza y por la suavidad con la que fueron llevándonos por el camino de lo inevitable. Por el camino de la despedida.
Gracias a los amigos incondicionales de los últimos años.
Gracias a Pancho, por la gratísima y riquísima compañía que fué para él en los años más difíciles de su vida, cuando ya no tenía a mamá para dialogar y apoyarse en ella… gracias por regalarle a papá esos espacios de debate y de búsqueda de verdades, esos encuentros con Platón, con San Agustín o con Kant. Los encuentros con Pancho eran como le gustaban a papá: nada fáciles, retadores, profundos, inagotables, perfectos para él que estaba siempre sediento de más… muchísimas veces tuvimos el privilegio de ser espectadores de esas danzas, y a veces duelos, intelectuales… cuánto los disfrutamos!!!

Gracias a Annely por los momentos que compartió con él ensenándole las delicias de la música. Papá la miraba embelesado, no sé si por lo que estaba aprendiendo o por la dulzura de su maestra. Pasaron muchas horas juntos; horas que Annely le robaba a su casa, a sus hijos, al mercado , a su escuela; ella se escapaba de todos para regalarle un ratico a papá… gracias a Annely por cantarle , por contarle cuentos, por ayudarlo a descifrar instrumentos y armonías. Como disfrutó papá de esos ratos que con tanto cariño le regaló nuestra querida Annely!!
Gracias a Ignacio Castillo por haberse convertido en su guía espiritual, en momentos en que sentía que el edificio de sus creencias temblaba bajo sus pies. Gracias a las hermanitas del convento por permitir su entrada diaria en esa “burbuja espiritual” de la que salía completamente elevado, casi había que mantenerlo unido a la vida terrenal con una cuerdita amarrada a uno de sus pies… tocaba tierra otra vez, cuando le ponían las arepitas a la hora del desayuno.
Gracias a todos los ángeles que nos acompañaron durante la enfermedad de mamá. Gracias por el cariño y la dulzura con que cuidaron a nuestros viejos. Gracias especialmente a Ana Dolores, el ángel mayor que velaba sobre todos los demás ángeles: la señora Mary, Elba, Yadilis, Tica, Marta, Tobías, no me puedo acordar de todos los nombres, pero si me acuerdo, claramente, de todo el cariño que pusieron en cada uno de sus días, en cada paseo, en cada pastelito, en cada tacita de té.
Gracias a los amigos de siempre, Gustavo e Irene, Samuel y Elsa, Luis y Thais… ustedes, junto con Inés, con Norma y Carmen Teresa… son nuestra familia grande. Lo seguirán siendo siempre.
La lista de personas que han pasado por nuestras vidas siendo compañeros y/o amigos de papá y mamá es interminable: gente del MFC (Movimiento Familiar Cristiano), de la DVA (Distribuidora Venezolana de Azúcares) , del Hipódromo, de Santa Teresa, de Oscasi, del INDEP, de las Damas Salecianas, de las cooperativas. Creo que todas esas personas, a quienes no tengo como nombrar, contribuyeron a que papá y mamá fueran como fueron, sin ellos papá y mamá no hubieran podido darnos el ejemplo de vida que nos dieron. A todos, gracias!
Gracias a nuestros tíos, primos y primas por estar tan cerquita, especialmente en estas difíciles despedidas…
Gracias a nuestros esposos y esposas por estar junto a nosotros, por fortalecer con su presencia y amor este “bosque de robles” que sembraron papá y mamá. Gracias por ayudarnos a ensanchar la sombra, por ofrecer su abrigo, por alimentar con su ejemplo y amor a nuestros hijos y sobrinos que son semillas de futuros bosques…
Estoy segura de poder dar estas profundas GRACIAS, en nombre, y desde el corazón, de cada uno de mis hermanos, los Carvallo Álvarez.

Yuya.- Lejos... pero no ausente....

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