viernes, 29 de mayo de 2009

QUERIDA Y RECORDADA INES

Viendo en estos días tantas fotos de la familia de todas las épocas y tantos lugares en donde crecimos y vivimos momentos inolvidables, hay una persona que formó parte importantísima de todos y cada uno de esos momentos, INES COLINA, mujer excepcional y ejemplar que vino a complementar el núcleo familiar CARVALLO ALVAREZ.

Inés llego a nuestra familia creo que en el año 1950 o por ahí, cuando mi papá y mamá se fueron a vivir en Amuay, estado Falcón, a una refinería petrolera, recordemos que mi papá era Ingeniero Químico, y estaba por nacer Nacho, el tercero de los hijos, después de Marcel y Carlos que habías nacido en Pennsilvania, USA.

Para mi mamá Inés fue una colaboradora importantísima, ya que, aunque era unos años menor que ella, una muchacha sin mucha cultura, de pueblo, pertenecía a una familia de muchos hermanos, que le dio bases religiosas y morales que hicieron de ella más que una colaboradora una compañera y fiel amiga, en la que podía confiar y contar para cualquier cosa que hiciera falta. Inés llegó hasta tanto en su fidelidad hacia nosotros que nunca se casó, su familia éramos nosotros, sus hijos éramos nosotros, junto a las hijas de su hermana Carmen, creo que era su nombre, que murió viviendo nosotros en Los Guayabitos, la primera quinta ISNOTU, (me acuerdo cuando Inés llego a la casa vestida de luto, triste por la muerte de su hermana mayor), pues ella se hizo cargo de sus dos sobrinas, Blanca y Tica, quienes fueron también como sus hijas, las atendió, las crió, les dio educación, sobre todo a Tica que era la menor, me acuerdo que estaba en un colegio de unas monjitas en los Palos, grandes a donde fuimos algunas veces a visitarla.

Quién de nosotros puede olvidar la compañía de Inés en nuestros paseos por Los Guayabitos, cuando a las cinco de la mañana nos levantábamos, habiendo dormido con la ropa puesta para no tardarnos, para bajar a Baruta caminando!!! para ir a la misa de gallo en diciembre, o cuando recogíamos de la carretera bajando hacia Gavilán unos pedacitos de alambre de colores restos de los cables eléctricos que estaban instalando, e Inés nos enseñaba a tejerlos entre si y hacer como llaveritos o algo así. En esos paseos también nos acompañaba Chama, nuestra perra raza Collie, preciosa gran cuidadora y pendiente de lo que hacíamos. Un día Ale se fue caminando solito hacia la carretera y Chama no lo abandonó, al rato lo encontraron y lo regresaron a la casa no sin un buen regaño, pero estaba bien vigilado y no le pasó nada, gracia a Dios y a Chama.

O cuando llegábamos a la casa muertos de hambre después del colegio o de grandes de la universidad o de trabajar, y salía de la cocina el aroma de las deliciosas sopas, de apio, hervidos de gallina o de res, platos deliciosos como su famoso Roast beef, su asado negro, su pastel de polvorosa, sus bandejas de plátanos fritos espolvoreados con azúcar, tenía que freír como seis plátanos para que alcanzaran para todos. O en los desayunos que nos hacia una avena riquísima o panquecas con huevos fritos encima, nos fascinaba a todos. Sus hallacas que eran famosas y las hacía por cantidades hasta para vender, últimamente con su querida hermana Ana Jacinta, su otra gran compañera. Todas esa recetas las hacía al principio guiada por mi mamá, pero ella tenía una sazón espectacular y todo lo quedaba delicioso.

Cuando mi papa y mama iban de viaje, se iban tranquilos porque se quedaban Gran mamá e Inés en la casa con nosotros, así que era como si nada, seguíamos con la misma rutina y todo funcionaba a la perfección, ellos podían disfrutar de su viaje sin problemas. Igual cuando por las noches salían a las cien mil reuniones del Movimiento Familiar Cristiano, o de política, o de Padres y Representantes de nuestros colegios en los cuales fueron parte de las directivas, o iban a algún evento, social o religioso, de los miles de amigos que por alguna razón u otra terminaban siendo también parte de la familia, los Marquez, los Pogiolli, los Rojas, los Franceschi, los Barrera, etc., etc… me olvido de tantos nombres… Nosotros le obedecíamos a ellas sin rechistar porque sabíamos que si no, nos salía un pellizco de monja segurito.

Bueno, lo último que quiero decir es que, no sé por qué razón, Papa Dios me puso a dormir las últimas dos noches de la vida de Inés a su lado en la misma cama, la cama de mi mamá y papá, que ya ellos no compartían desde hacía muchos años por la enfermedad de mi mamá. Pues sí, esas dos últimas noches dormimos juntas, ella preocupada de no molestarme a mí con sus idas al baño o sus ronquidos. Ese día anterior a su partida, ella le preparó a mi papá esa deliciosa Sopa de Cebolla gratinada, que era para él la mejor que se había tomado en su vida, ni en Paris la hacían mejor. Fue como un regalo de ella hacia él, que le había dado tanto en su vida, la había ayudado en muchos momentos de dificultad, le obsequió al cumplir 25 años de estar en nuestra casa, un Tour a Europa como lo habíamos hecho nosotras llevadas por mi mama e Irene Márquez. Inés ese día enseño a la señora que estaba en la casa hecha cargo de la cocina muchos pequeños secretos de sus deliciosas recetas.

Por la noche se fue Inés con nosotros a casa de Ana María y Alfredo donde nos reunimos muchos de los hermanos, yo que llegue de Miami el día anterior, Alejandro llegaba de Calgary esa noche, y tomamos unos ricos vinos y picamos unos pasapalitos, y compartimos una velada deliciosa, con Inés contando cuentos de cada uno de nosotros, de cómo nos portábamos, que nos gustaba y o no comer a cada uno, hablamos de todos, de los novios primero y esposos luego, de los hijos de cada uno que eran como los nietos de ella, de tantas cosas…

Esa noche antes de acostarnos le tomé la tensión con un tensiómetro que le había llevado yo de Miami, todo estaba normal, ella se acostó tranquila, feliz de la noche que había compartido con sus hijos, se despertó dos veces, una para ir al baño, calladita, yo me hice la dormida ya que ella no me quería molestar ni despertar, y la segunda fue un fuerte ronquido a las 5.30 de la mañana más o menos, yo me desperté y le dije que se volteara para no roncar, pero no fue posible, ella ya no estaba con nosotros, Papa Dios le había concedido una vida maravillosa, santa, llena de sufrimientos, alegrías, problemas y soluciones, y le concedió la muerte de los justos, sin sufrimiento, sin angustias, derechito a sentarse a su lado, a esperar y recibir allí a mi mama y luego a mi papa, para seguir fielmente a su lado como tantos años estuvo a su lado aquí en la tierra.

Perdónenme que me haya extendido tanto, no es fácil resumir toda una vida en pocas líneas, aun así creo que quedaron muchas cosas por decir, si alguno quiere agregar cualquier cosa, háganlo como homenaje a ella, desde allá nos está viendo y seguro se alegrará de saber todo lo que dejó ella como legado.

Los quiero mucho, sigamos compartiendo ideas y pensamientos para enriquecernos todos, un abrazo, Marisela Carvallo de M.

1 comentario:

  1. Mari: buenisimo tu escrito en homenage a Ines y es casi su biografia.
    Creo que todos nos unimos en esa funcion de reconocimiento a lo que ella hizo por nosotros

    Besos Marcel

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