Mis queridas niñitas Margot y Ximena y los demás sobrinos
Como dice Diana tómense su tiempo, pero el ciclo no se cierra jamás, el círculo siempre tiene una rendijita por donde entra y sale amor.
Mi abuelito Hernández se murió cuando yo tenía 7 años, sólo 7 años y todavía recuero su mirada, sus besos y sus abrazos, el amor que me tenía, los juegos en su hermoso y gigante jardín con mis primos y mientras yo lo recuerde, él sigue ahí en mi corazón, rodeado de todos.
La vida no acaba, sólo cambia, el amor crece, el espíritu se alimenta de los recuerdos y los ejemplos.
El tiempo no es una línea recta, es una espiral y cada vez que queremos podemos movernos en ella e ir atrás y adelante, recordar y soñar. Papayayi ha trascendido, su espíritu ha regresado a la luz, a Dios, al infinito, se ha fundido con lo supremo y está lleno de gloria. Si lo logran percibir lo sentirán pleno, rodeado de luz dorada y una sensación de dulzura y paz quedará en ustedes.
El las cuida y bendice desde arriba junto con Yayi, de la que no pudieron casi disfrutar en esta vida terrena, pero que las adoraba y consentía mucho.
La muerte es un enigma indescifrable, sólo el amor nos ayuda en estos momentos, no traten de llenarse de ruido y ocupaciones para olvidar la pena. Para mí lo mejor es recordar los buenos momentos pasados a su lado y llorar, si llorar es el mejor consuelo, nos reconforta y nos da fuerzas para seguir adelante.
En un momento que tengan alguna duda pregúntenles a sus abuelos y la respuesta llegará de alguna misteriosa manera y sigan el consejo.
Quisiera abrazarlas y consolarlas pues se que cuando se está sólo es muy duro, pero todos aquí estamos con ustedes viviendo el mismo duelo y acostumbrándonos a vivir sin ellos, es largo, es un camino largo.
Déjenlo fluir y conviértanlo en arte, sigan su instinto y sublimicen el momento
Un abrazo muy fuerte
MH
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